Contra el anarco-liberalismo y la maldición de las políticas de la identidad

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(Pic from RednBlackSalamander)

Translation of our text “Against Anarcho-Liberalism and the Curse of Identity Politics” into Spanish by ALasBarricadas.org.

El anarquismo en el Reino Unido es una broma . En un tiempo simbolizaba duras luchas por la libertad, y ahora el término se ha revelado como un vehículo para las angustiadas políticas de identidad, divisionistas y de odio por parte de activistas de clase media deseosos/as de proteger sus propios privilegios. Escribimos este folleto para reclamar el anarquismo a estos políticos de la identidad.

Escribimos como personas que se identifican como anarquistas que encuentran sus raíces en las luchas políticas del pasado. Somos antifascistas, antirracistas, feministas. Queremos ver el fin de todas las opresiones y participamos activamente en esas luchas. Sin embargo, nuestro punto de partida no es el denso lenguaje de los académicos liberales de izquierdas, sino el del anarquismo y sus principios: libertad, cooperación, ayuda mutua, solidaridad e igualdad para todos, sin distinciones. Las jerarquías y el poder, da igual cómo se manifiesten, son nuestros enemigos.

La política de identidad es parte de la sociedad que queremos destruir.

La política de identidad no es liberadora, sino reformista. No son más que una plataforma para aspirantes de clase media a políticos de las identidades. Su visión a largo plazo es la incorporación total de grupos tradicionalmente oprimidos al sistema social jerárquico y competitivo que supone el capitalismo, en lugar de la destrucción de ese sistema. El objetivo final es un Capitalismo Arcoiris, una forma más eficiente y sofisticada de control social donde todo el mundo tiene la oportunidad de participar. Confinados en el “espacio seguro” de otras personas como ellas, las y los políticos de las identidades se alejan cada vez más del mundo real.

Un buen ejemplo es la teoría queer y cómo se ha vendido a los amos corporativos. El concepto de queer era, no hace mucho tiempo, algo subversivo, sugiriendo una sexualidad indefinible, un deseo de escapar de los intentos de la sociedad de definir, estudiar y diagnosticarlo todo, desde nuestra salud mental hasta nuestra sexualidad. Sin embargo, con una gran falta de crítica de clase, las y los políticos y académicos de la identidad se apropiaron fácilmente del concepto para crear otra etiqueta exclusiva para una camarilla guay que, irónicamente, es cualquier cosa menos liberadora. Cada vez más, lo queer es una bonita etiqueta adoptada por algunos para pretender que también están oprimidos, y evitar que sus acciones sean calificadas como la mierda que son: políticas burguesas.

No queremos oir hablar de la próxima convocatoria autogestionada, velada queer o festival de okupas que excluye a todo el mundo excepto a quienes adoptan el lenguaje, el código de vestimenta o los círculos sociales correctos. Volved cuando tengáis algo genuinamente significativo, subversivo y peligroso para el status quo.

La política de identidad es estrecha, exclusiva y divisora. En un momento en que necesitamos más que nunca llegar más allá de nuestros pequeños círculos, la política de identidad trata de mirar hacia adentro. Probablemente no sea una coincidencia. Si bien afirma que se centra en la inclusión, es altamente excluyente, dividiendo el mundo en dos grandes grupos: el Incuestionablemente Oprimido y el Innatamente Privilegiado. Hay pocas áreas grises permitidas en la práctica y el conflicto se aviva continuamente entre estos dos grupos.

Lo entendemos, no se trata solo de clase, pero si no podemos unirnos para siquiera reconocer quién realmente tiene el poder, entonces no tenemos ninguna esperanza de llegar a ninguna parte. Si su punto de vista fuera realmente la liberación para todos, entonces la suya no sería una política de división, constantemente enfrentando a un grupo contra el otro – como hacen de manera parecida el capitalismo y el nacionalismo. Habitualmente son ignoradas por los políticos de la identidad cuestiones que enturbian el simple código binario de “oprimido vs. privilegiado”, como son las experiencias de vida personal o los traumas (que no pueden resumirse claramente mediante la identidad de un individuo como miembro de un grupo oprimido), o cosas de las que la gente no se sienta cómoda hablando, como la salud mental o la clase,

Queda, por supuesto, la cuestión más evidente: que los problemas a los que nos enfrentamos van mucho más allá de la queerfobia o la transfobia: es el maldito sistema de esclavitud, destrucción, explotación y encarcelamiento de escala planetaria. No queremos ver a nadie en el sistema penitenciario, ya sean mujeres trans negras o hombres blancos cis (que, por cierto, constituyen la gran mayoría de las personas encarceladas en el Reino Unido). No es sorprendente que la política basada en tal exclusividad resulte en constantes choques internos y se vean unos a otros como el enemigo, particularmente dada su vulnerabilidad a la explotación por parte de los gerentes de la identidad de clase media.

Las políticas de identidad es una herramienta de las clases medias. Los representantes del grupo, articulados y con estudios, la utilizan de manera flagrante y maltratadora para afianzar y mantener su propio poder a través de la política, el dogma y la intimidación. Los cómodos orígenes de estos activistas son evidenciados no solo por el uso del lenguaje académico, sino también porque se creen en el derecho de utilizar el tiempo y la energía de otros activistas para cambiar el enfoque hacia ellos y sus sentimientos. De hecho, la falta de ética de trabajo, una cierta fragilidad y una preocupación por la seguridad y el lenguaje en lugar de las condiciones materiales y el cambio significativo son otros aspectos que revelan los antecedentes de clase de muchos políticos de identidad.

Vemos esto con la facilidad de que estos individuos llamen la atención a otras personas a la menor desviación del código de práctica que impusieron unilateralmente, asumiendo que todos deberían pensar como lo hacen o tener tiempo para dedicarse a aprenderlo. Ignorando así la realidad de la lucha de clases diaria.

Existe una falsa equivalencia entre pertenecer a los Indiscutiblemente Oprimidos y ser de clase trabajadora. Por el contrario, muchos de los Indiscutiblemente Oprimidos defienden incuestionablemente valores liberales enraizados en la ideología capitalista en lugar de otros verdaderamente liberadores.

Una política basada en tener el lenguaje correcto y conocimiento del tono y los códigos correctos es una herramienta inherente de opresión. Ciertamente no es ser representativo de aquellos sectores de quienes dice hablar en su nombre, los que están en lo más bajo de la sociedad. Un análisis anarquista reconoce que, aunque alguien puede pertenecer a un grupo oprimido, su política o las demandas hechas en nombre de los Indiscutiblemente Oprimidos pueden ser netamente liberales, burguesas y pro capitalistas.

La política de identidad es jerárquica. Al consolidar el poder y el estatus de los políticos mezquinos de clase media, la política de identidad es jerárquica. Más allá del engaño, la imposición de ciertos dogmas también permite que este poder quede sin ser cuestionado. Estas incluyen: jerarquías implícitas de opresión; la creación y el uso de términos destinados a provocar una respuesta emocional (‘desencadenante’, ‘sentirse inseguro’, ‘Terf’, ‘fascista’); a aquellos que no son miembros de grupos específicos se les niega una opinión sobre la política más amplia de estos grupos; la idea de que los miembros del grupo no deben, bajo ninguna circunstancia, hacer ningún “trabajo” para explicar sus políticas a los no miembros del grupo; tildando a los discursos alternativos como ‘violencia’.

Estos dogmas se utilizan para mantener las normas, ya sea en subculturas o en una sociedad más amplia. Los y las anarquistas deben sospechar de cualquier tendencia que se base en principios incuestionables, particularmente aquellos que obviamente crean jerarquías.

La política de identidad a menudo explota el miedo, la inseguridad y la culpa. Es importante que lo reconozcamos en dos frentes. Uno, se utiliza para privar de derechos en lugar de empoderar realmente, tal como se afirma. Refuerza la idea de que las personas son víctimas frágiles en lugar de agentes de cambio y, por lo tanto, necesitan aceptar líderes. Si bien los espacios y el lenguaje más seguros son importantes, el grado de obsesión con estas cosas no es un signo de fortaleza, sino de la perpetuación de la victimización.

A través de la ansiedad social, culpa a todos los demás de ser de alguna manera privilegiado y de ser completamente responsable de los gigantes sistemas de opresión que en realidad solo benefician a unos pocos. También permite a aquellos dentro de los grupos minoritarios que se benefician de las estructuras estatales y capitalistas descolgarse de cualquier tipo de responsabilidad por sus acciones opresivas o comportamiento prejuiciado.

Un análisis anarquista significa que debemos reconocer que los miembros de grupos oprimidos también pueden tener posiciones de élite y represivas, y deben ser desafiados por igual, y no solo darles cobardemente la razón

La política de identidad ha contagiado los espacios anarquistas.

Tristemente, el anarquismo se está vaciando apresuradamente buscando una ‘muestra de virtud’, el ser ‘buenos aliados’. El ‘ser aliado’ se promulga con demasiada frecuencia como una aceptación ciega de la política de aquellos que son, Incuestionablemente Oprimidos, o que afirman serlo, sin importar cómo de mala sea su política o su comportamiento personal. Es una sumisión voluntaria a la política de los demás, la posición menos anarquista que se puede adoptar y que muestra una terrible ausencia de carácter.

No debemos dar un altavoz a los autoproclamados líderes que no están de acuerdo con nuestra política. Entonces, es irónico que hayamos permitido que grupos con poca o ninguna política radical ingresen en nuestros espacios y acallen el debate, y que afirmen que cualquier cosa que no esté de acuerdo con su punto de vista es ‘fascista’. No hace falta decir que el fascismo no es algo que deba trivializarse de esta manera.

También nos sorprende que no se vean paralelismos obvios con la política de la derecha, como cuando esta califica a las feministas de ‘feminazis’. Las activistas por los derechos trans utilizan del mismo modo el término ‘fascista’ contra las feministas radicales, así como esos eslóganes cada vez más habituales que invitan a matar ‘terfs’ que también están presentes en espacios anarquistas tanto en la red como en el mundo real. Es desconcertante que la violencia de esta misoginia sea celebrada, no condenada.

El anarquismo va contra los dioses. ¿Hay alguna frase que resuma el anarquismo mejor que ‘ni dios, ni amo’? Tal jerarquía y exclusividad son antitéticas al anarquismo. Solíamos asesinar a políticos, e innumerables camaradas dieron su vida por la lucha contra el poder. Todavía rechazamos a los políticos de todo tipo, ya sean conservadores, laboristas o aquellos que se ven a sí mismos como líderes de movimientos basados ​​en la identidad. Es contra los principios más básicos del anarquismo aceptar el liderazgo de otros, porque creemos que todos somos iguales. Del mismo modo, no aceptamos la idea de que no podemos cuestionar las posiciones mantenidas por otros activistas o quienes se llaman a sí mismos anarquistas -algo en lo que, desafortunadamente, la política de identidad insiste con demasiada frecuencia.

El anarquismo no apoya las religiones patriarcales y los anarquistas tienen una larga historia de conflicto con ellos. Es una vergüenza ver la forma en la que gran parte de lo que pasa por anarquismo en el Reino Unido actual actúa como apologista para aquellos que quieren evitar cualquier desafío a su propio sexismo y patriarcado o incluso continuar con sus religiones opresivas, simplemente porque los conservadores reaccionarios los tratan como chivos expiatorios.

Nota: En el próximo párrafo se refieren a la Feria del Libro Anarquista de Londres. En su edición de 2017 un grupo de activistas por los derechos trans montó un gran jaleo (llegando a activar la alarma contra incendios) para expulsar a una mujer a la que acusaban de TERF (feminista que excluye a las transexuales). Esto desenbocó en varios manifiestos con listas de quejas contra la organización del evento (poca presencia de ponentes racializados, espacio no accesible a minusválidos,…). La organización respondió dando explicaciones y mostrando su disgusto por no haber recibido las críticas en privado y mucho menos propuestas de colaboración para ayudar a solventar los problemas que se señalaban, rehusó a trabajar en la próxima feria y ofreció su organización al colectivo que lo quisiera. El resultado de todo este lío fue que en 2018 no se ha realizado Feria del Libro Anarquista en Londres. Más información de lo sucedido a lo largo de este hilo del foro.

La destrucción de proyectos anarquistas se lleva a cabo y se celebra en nombre de la política de identidad, simplemente para apaciguar a aquellos que no tienen interés en el anarquismo en sí. Y si alguien se pone de pie y lo desafía, se enfrentan con el abuso o incluso con un ataque físico, comportamiento que solía ser desafiado pero que ahora está condonado porque proviene de aquellos que se consideran oprimidos. Aquí más que en cualquier lugar, el fracaso total de la política anarquista por parte de quienes supuestamente lo representan es de lo más obvio. Comencemos nombrando a Freedom News para empezar, cuyo apoyo acrítico a grupos que poco tienen en común con el anarquismo es vergonzoso.

El anarquismo no es identidad política. El anarquismo no es otra identidad, como a algunos les gusta afirmar. Esta es una respuesta burda y perezosa de los políticos de identidad, y una forma de evitar responder a problemas políticos reales. También muestra cómo se utiliza la política de identidad para manipular y subvertir los espacios anarquistas en beneficio de agendas personales. Claro, lo ‘anarquista’ también puede ser considerado como una identidad, y los anarquistas son propensos a la conductas endogámicas (a menudo criticadas). Pero las similitudes terminan ahí.

A diferencia de los/as políticos de identidad o del SWP [NOTA: Socialist Workers Party, partido trotskista británico que ha solido encabezar la izquierda extraparlamentaria en las últimas décadas], la mayoría de los anarquistas no tratan de reclutar seguidores, sino que intentan difundir ideas que ayuden a las comunidades a luchar por sí mismas de una manera que no sean recuperables por el sistema. Nuestra agenda es radicalmente diferente y especial en la medida en que nuestra política central no trata de promover nuestro propio poder y estatus personal. El anarquismo alienta a las personas a cuestionarlo todo, incluso lo que nosotros mismos tengamos que decir.

A diferencia de las características inherentes y exclusivas de las políticas de identidad con sus grupos internos y externos, el anarquismo es para nosotros un conjunto de ética que guía cómo entendemos y reaccionamos ante el mundo. Está abierto a cualquiera que mire o escuche algo que cualquiera puede sentir, sin importar de qué origen provenga. A menudo, los resultados serán diversos, ya que las personas lo combinan con sus personalidades individuales, experiencias de vida y otros aspectos de sus identidades.

Uno no necesita conocer la palabra anarquía para sentirla dentro. Es un conjunto de ideas simple y consistente que puede actuar como una guía en un conflicto particular, hasta la fundación de sociedades futuras. Para referirse a los principios anarquistas, entonces, cuando hay un conflicto sobre la política de identidad, tiene sentido cuando supuestamente estamos unidos por estos principios.

Ser gay o tener la piel oscura da lugar a experiencias similares para aquellos que comparten estas características, y obviamente significa que es probable que tengas vínculos sociales, empatía o un sentido de pertenencia a estos grupo. Sin embargo, la vida vivida es en realidad mucho más compleja y es posible que tengas tanto o más en común con una mujer queer blanca cualquiera que con un hombre cis de piel oscura.

La política de identidad a veces refleja el mismo chovinismo del nacionalismo, pero con diferentes grupos que buscan forjar sus propios dominios de poder según categorías derivadas del orden capitalista. Nosotros, por otro lado, somos internacionalistas que creemos en la justicia para todos. El anarquismo busca levantar todas las voces, no solo las de los grupos minoritarios. La noción de que la opresión solo afecta a las minorías en lugar de a las masas es el producto de una política burguesa que nunca tuvo ningún interés en el cambio revolucionario.

La política de identidad está alimentando a la extrema derecha. Como nota final, vale la pena enfatizar cuántas política de identidad juegan en las manos de la extrema derecha. En el mejor de los casos, estas políticas hacen que la política ‘radical’ parezca cada día más irrelevante para mucha gente. En el peor de los casos, los políticos de identidad de la clase media están haciendo un excelente trabajo al alienar a las personas de raza blanca ya desposeídas, que constituyen la gran mayoría de las personas del Reino Unido y que están gravitando cada vez más hacia la derecha.

Ignorar este hecho y continuar participando en luchas internas sobre la política de identidad sería el colmo de la arrogancia. Sin embargo, en un momento en que vemos que los movimientos fascistas se multiplican, los anarquistas todavía están distraídos por la política de la división. Para demasiados, la política de la identidad es simplemente un juego, su tolerancia lleva a la perturbación constante en los círculos activistas.

Nota final Para nosotros el anarquismo es cooperación, ayuda mutua, solidaridad y lucha contra los verdaderos centros de poder. Los espacios anarquistas no deberían ser para aquellos que simplemente quieren luchar contra quienes los rodean. Tenemos una bella historia de internacionalismo y diversidad, por lo que reclamemos nuestra política para un futuro verdaderamente inclusivo.

Este artículo ha sido formateado como un  folleto A5 para imprimir .

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Contre l’anarcho-libéralisme et la malédiction des Identity politics – brochure

anarcho-liberal

Comrades from Ravage Editions and Les Fleurs Arctiques library in Paris have translated our article “Against Anarcho-Liberalism and the Curse of Identity Politics” into French!

Download the brochure here.

“Ce texte a été publié sous forme de brochure sur un site qui lui est consacré (wokeanarchists.wordpress.com) le 25 novembre 2018 par des compagnons du Royaume-Uni se présentant comme «  anarchistes auto-déterminés résistant à la cooptation de notre mouvement par le libéralisme, l’université et le capitalisme  ». Nous ne traduisons pas ce texte par communion politique fondamentale (par exemple l’égalitarisme politique et la fondation de sociétés futures ne sont pas des préoccupations pour nous), mais afin d’apporter de l’eau au moulin des débats actuels sur les questions identitaires au sein des milieux radicaux d’extrême gauche. En effet, il nous semble que cette question, qui est ici abordée sous l’angle de la manière dont les Identity politics vident l’anarchisme de son sens, concerne bien plus largement tous ceux qui s’intéressent aux perspectives révolutionnaires. Ce texte nous a aussi intéressé parce qu’il évoque courageusement, à partir d’expériences concrètes, les conséquences délétères pour l’élaboration théorique et pratique de la diffusion de ces «  idéologies de l’identité  », et la manière dont cette question fait l’objet d’une sorte de tabou discursif pendant que s’installent des pratiques d’exclusions brutales, d’accusations sans appel et de judiciarisation sans place pour la défense. Le processus décrit dans ce texte envahit depuis quelques années la plupart des aires subversives et on voit s’y développer, en même temps qu’une obsession affichée pour le «  safe  » vu comme un ensemble de principes abstraits, une indifférence à la réalité parfois terrible des relations telles qu’elles existent et circulent dans les milieux «  déconstruits  ». [Extrait de l’Avant-propos des traducteurs]”

Against Anarcho-Liberalism and the curse of identity politics

Anarchism in the UK is a joke. Once symbolising hard-fought struggles for freedom, the word has been stripped bare to make way for narrow-minded, separatist and hateful identity politics by middle class activists keen to protect their own privileges. We write this leaflet to reclaim anarchism from these identity politicians.

We write as self-identified anarchists who see our roots in the political struggles of the past. We are anti-fascists, anti-racists, feminists. We want to see an end to all oppressions and we take an active part in those fights. Our starting point though is not the dense language of lefty liberal academics, but anarchism and its principles: freedom, cooperation, mutual aid, solidarity and equality for all regardless. Hierarchies of power, however they manifest, are our enemies.

Identity politics is part of the society we want to destroy.

Identity politics is not liberatory, but reformist. It is nothing but a breeding ground for aspiring middle class identity politicians. Their long-term vision is the full incorporation of traditionally oppressed groups into the hierarchical, competitive social system that is capitalism, rather than the destruction of that system. The end result is Rainbow Capitalism – a more efficient & sophisticated form of social control where everyone gets a chance to play a part! Confined to the ‘safe space’ of people like them, identity politicians become increasingly detached from the real world.

A good example is ‘queer theory’ and how it has sold out to corporate masters. The concept of queer was not long ago something subversive, suggesting indefinable sexuality, a desire to escape society’s attempts to define and study and diagnose everything, from our mental health to our sexuality. However, with little in the way of class critique, the concept was readily appropriated by identity politicians and academics to create yet another exclusive label for a cool clique that is, ironically, anything but liberatory. Increasingly, queer is a nice badge adopted by some to pretend they too are oppressed, and avoid being called out on their shit, bourgeois politics.

We don’t want hear about the next DIY event, queer night or squatter fest that excludes all but those who have the right language, dress code, or social circles.. Come back when you have something genuinely meaningful, subversive and dangerous to the status quo.

Identity politics is narrow-minded, exclusive and divisive. At a time when we need to be reaching outside of our own small circles more than ever, identity politics is all about looking inwards. That’s probably no coincidence. While claiming to be about inclusivity, it is highly exclusionary, dividing the world into two broad groupings: the Unquestionably Oppressed and the Innately Privileged. There are few grey areas allowed in practice and conflict is continually stoked between these two groups.

We do get it, it’s not all about class, but if we can’t rally together to even recognise who really holds the reigns of power then we haven’t a hope in hell of getting anywhere. If their vision were truly one of liberation for all, then theirs wouldn’t be a politics of divisiveness, constantly pitting one group against another in a manner similar to capitalism and nationalism. Things that muddy the simple binary of oppressed vs. privileged, such as personal life experiences or traumas (which cannot be neatly summed up by one’s identity as a member of an oppressed group),, or things that people may not feel comfortable talking about, such as mental health or class, are often wilfully ignored by identity politicians.

As, of course, is the most glaringly obvious point: that the problems we face go well beyond queerphobia or transphobia, but the whole fucking system of planetary enslavement, destruction, exploitation and imprisonment. We don’t want to see anyone in the prison system, whether they are black trans women, or cis white men (which, by the way, make up the vast majority of people imprisoned in the UK). It is unsurprising that politics based on such exclusivity results in constant internal clashes and seeing each other as the enemy, particularly given its vulnerability to exploitation by middle class identity-politician managers.

Identity politics is a tool of the middle classes. It is flagrantly used and abused by articulate, well-educated group representatives to entrench and maintain their own power through politicking, dogma and bullying. The comfortable backgrounds of these activists is betrayed not only through their use of academic language but through their sense of entitlement and confidence in using other activists’ time and energy to switch the focus towards them and their feelings. Indeed, a lack of work ethic, a certain fragility, and a preoccupation with safety and language rather than material conditions and meaningful change are other aspects which reveal the class background of many identity politicians.

We see this in the ease with these individuals ‘call out’ other people at the slightest deviation from the code of practice they have unilaterally imposed, assuming that everyone ought to think as they do or have the time to devote to learning it. Thus ignoring the reality of daily class struggle.

There is a false equivalence between membership of the Unquestionably Oppressed and being working class. On the contrary many in the Unquestionably Oppressed espouse liberal values rooted in capitalist ideology rather than being truly liberatory.

A politic that is based on having the right language and access to the right tone and codes is one that is inherently a tool of oppression. It is certainly not being representative of those who it claims to speak for, those at the bottom of society. An anarchist analysis recognises that though someone may be from an oppressed group, their politics, or the demands made on behalf of the Unquestionably Oppressed, may nevertheless be purely liberal, bourgeois and pro-capitalist.

Identity politics is hierarchical. By entrenching the power and status of middle class petty politicians, identity politics is hierarchical. Beyond the chicanery, imposing certain dogmas also enables this power to go unquestioned. These include: implicit hierarchies of oppression; the creation and use of loaded terms intended to provoke an emotional response (‘triggering’, ‘feeling unsafe’, ‘Terf’, ‘fascist’); those who aren’t members of specific groups being denied an opinion on the wider politics of these groups; the idea that members of the group should under no circumstances have to do any ‘labour’ of explaining their politics to non-members of the group; framing alternative discourses as ‘violence’; and the idea that one cannot question a representative or member of these groups (no matter how bad their politics) by virtue of the fact that they are Unquestionably Oppressed.

These dogmas are used to maintain norms, whether in subcultures or wider society. Anarchists should be suspicious of any tendencies that are based on unquestionable principles, particularly ones which so obviously create hierarchies.

Identity politics often exploits fear, insecurities and guilt. It is important that we recognise this on two fronts. One, it is used to disenfranchise rather than actually empower, as is claimed. It reinforces the idea that people are fragile victims rather than agents of change, and therefore need to accept leaders. Though safer spaces and language are important, the extent of the obsession with these things is not a sign of strength but of self-perpetuating victimhood.

Through social anxiety, it places on everyone else the guilt of being somehow privileged and being utterly accountable for the giant systems of oppression that actually only benefit a few. It also allows those within minority groups who benefit from state and capitalist structures off the hook from any sort of accountability for their oppressive actions or prejudiced behaviour.

An anarchist analysis means we should recognise that members of oppressed groups can hold elite and repressive positions too, and should be equally challenged, not just given a cowardly pass.

Identity politics has infected anarchist spaces.

Sadly, anarchism is being hollowed out in a rush to virtue-signal, to be ‘good allies’. Allydom is all too often enacted as blind acceptance of the politics of those who are Unquestionably Oppressed, or claim to be, no matter how shit their politics or personal behaviour is. It is willing subservience to the politics of others, the least anarchist position that can be taken and pure spinelessness.

Self-appointed leaders who do not agree with our politics should not be given a platform by us. So, it is ironic that we have allowed groups with little or no radical politics to enter our spaces and shut down debate, and claim that anything that disagrees with their viewpoint must be fascist. It should go without saying that fascism is not something that should be trivialised in this way.

It also amazes us that obvious parallels with right-wing politics are not seen, not least in the way feminists dismissed as ‘feminazis’ is reflected in the current use of the word ‘fascist’ against radical feminists by trans rights activists, as well as slogans calling for ‘terfs’ to be killed regularly cropping up in anarchist spaces both online and real world. It is shocking that the violence of this misogyny is being celebrated, not condemned.

Anarchism is against gods. Is there any phrase that sums up anarchism better than ‘no gods, no masters’? Such hierarchy and exclusivity are antithetical to anarchism. We used to assassinate politicians, and uncountable numbers of comrades gave their lives for the struggle against power. We still reject politicians of all stripes, whether Tories, Labour or those who see themselves as leaders of movements based around identity. It is against the most basic principles of anarchism to accept leadership by others, because we believe all are equal. Likewise we do not accept the notion that we cannot question or query positions held by other activists or those who call themselves anarchists – which unfortunately identity politics all too often insists on.

Anarchism does not support patriarchal religions and anarchists have a long history of conflict with them. It is an embarrassment the way so much of what passes for anarchism in the UK today acts as apologists for those who want to avoid any challenge to their own sexism and patriarchy or even continue their oppressive religions, simply because reactionary conservatives treat them as scapegoats.

The destruction of anarchist projects is carried out and celebrated in the name of identity politics, simply to appease those who have no interest in anarchism itself. And if any do stand up and challenge it, they are met with abuse or even physical attack – behaviour that used to be challenged but is now condoned because it comes from those who are considered to be oppressed. Here more than anywhere the utter failure of anarchist politics by those who supposedly represent it is the most obvious. Lets start by calling out Freedom News for starters, whose uncritical support of groups with little in common with anarchism is shameful.

Anarchism is not identity politics. Anarchism is not just another identity as some like to claim. This is a common crass and lazy kneejerk response from the identity politicians, and a way to avoid answering actual political issues. It also shows no understanding of how identity politics is used to manipulate and subvert anarchist spaces for personal agendas. Sure, ‘anarchist’ can be claimed as an identity too, and anarchists are prone to (often rightly criticised) cliqueish behaviour. But the similarities ends there.

Unlike identity politicians or the SWP, most anarchists do not try to recruit followers, but instead attempt to spread ideas that will support communities in fighting for themselves in a way that cannot be recuperated. Our agenda is radically different and rare in that our core politics are not about furthering our own personal power and status. Anarchism encourages people to question everything, even what we ourselves have to say, in the spirit of freedom.

Unlike the inherent, exclusive characteristics of identity politics with its in-groups and out-groups, anarchism is for us a set of ethics that guide how we understand and react to the world. It is open to any who will look or listen, something anyone can feel, no matter what background they come from. Often the results will be diverse, as people combine it with their individual personalities, life experiences, and other aspects of their identities.

One doesn’t need to know the word anarchy to feel it. It is a simple and consistent set of ideas that can act as anything from guidance in a particular conflict, to the foundation of future societies. To refer to anarchist principles then when there is conflict about identity politics, makes sense when we are supposedly united by these principles.

Being gay or having brown skin does give rise to similar experiences to those who share these characteristics, and obviously means you are likely to have social links, empathy or a sense of belonging to this group. However, lived life is actually much more complex and you might have as much or more in common with a random white queer woman than you would with a fellow brown cis man.

Identity politics at times mirrors the chauvinism of nationalism, with different groups seeking to carve out their own domains of power according to categories derived from the capitalist order. We, on the other hand, are internationalists who believe in justice for all. Anarchism seeks to raise up all voices, not just those of minority groups. The notion that oppression only affects minorities rather than the masses is the product of bourgeois politics that never had any interest in revolutionary change.

Identity politics is feeding the far right. On a final note, it is worth stressing how much identity politics plays into the hands of the far right. At best, ‘radical’ politics looks ever more like irrelevant navel-gazing to many. At worst, middle class identity politicians are doing an excellent job of alienating already disenfranchised cis white people, who happen to make up the large majority of people in the UK, and are increasingly gravitating towards the Right.

To ignore this fact and continue to engage in infighting over identity politics would be the height of arrogance. Yet, at a time when we are seeing fascist movements multiply, anarchists are still distracted by politics of divisiveness. For too many, identity politics is simply a game, toleration for leads to constant disruption of activist circles.

Final note. To us anarchism is cooperation, mutual aid, solidarity and fighting the real centres of power. Anarchist spaces should not be for those who merely want to fight those around them. We have a proud history of internationalism and diversity, so lets reclaim our politics for a genuinely inclusive future.

This article has been formatted as an  A5 pamphlet for printing.